Siempre han existido historias de cómo se han arreglado errores del pasado, amasado fortunas, o cometido delitos sin consecuencias gracias a los viajes en el tiempo. Este último ha sido mi caso, pero desde luego sí ha tenido consecuencias. Formaba parte de una familia que había amasado una gran fortuna gracias a mi padre. Sabía que yo nunca había sido su preferido, al contrario, me detestaba y yo le detestaba a él. Padre no solamente me pegaba y me despreciaba, sino que todo su amor era volcado en mi hermano. Amor que padre no demostraba únicamente de forma afectiva, sino también física, carnal, escuchando cómo desde infante mi propio hermano gritaba cuando padre iba a darle las “buenas noches”, del mismo modo, que yo gritaba y lloraba después por los golpes recibidos al no ser tan complaciente con padre. Veintiún años después, padre se fue para siempre, disfruté como nunca al ver cómo la fuerza de su mirada se había esfumado, quedando de él únicamente un aspecto angelical d...