Padre

Siempre han existido historias de cómo se han arreglado errores del pasado, amasado fortunas, o cometido delitos sin consecuencias gracias a los viajes en el tiempo. Este último ha sido mi caso, pero desde luego sí ha tenido consecuencias.

Formaba parte de una familia que había amasado una gran fortuna gracias a mi padre. Sabía que yo nunca había sido su preferido, al contrario, me detestaba y yo le detestaba a él. Padre no solamente me pegaba y me despreciaba, sino que todo su amor era volcado en mi hermano. Amor que padre no demostraba únicamente de forma afectiva, sino también física, carnal, escuchando cómo desde infante mi propio hermano gritaba cuando padre iba a darle las “buenas noches”, del mismo modo, que yo gritaba y lloraba después por los golpes recibidos al no ser tan complaciente con padre.

Veintiún años después, padre se fue para siempre, disfruté como nunca al ver cómo la fuerza de su mirada se había esfumado, quedando de él únicamente un aspecto angelical dentro del féretro.

Ese día únicamente me interesaban dos cosas, ver cómo lo enterraban del mismo modo que él enterró mi infancia y mi inocencia, y por supuesto, saber qué recibiría de herencia. Pues por poco que fuese, iba a ser más de lo que nunca he tenido. Mas mi sorpresa fue que no me había dejado nada, todo iba a ser exclusivamente para mi servicial hermano. O al menos eso creía en ese instante.

Exactamente, en realidad me lo había dejado todo e iba a cobrármelo. El juego cósmico del espacio tiempo no era únicamente fascinante, sino que también posee unas reglas muy estrictas, más que las de padre incluso, pero eso no iba a impedirme realizar mi sueño, al contrario, simplemente debía tener mucho cuidado.

Cincuenta años sería suficiente, sabía cómo matarle, sabía cómo conseguir su fortuna, lo que me pertenecía, sin que nadie se percatase.

La primera parte del plan había salido tal y como esperaba, disfruté como nunca al sentir cómo la llama de su vida se apagaba delante de mí, escuchar los huesos de su cuello romperse y ver sus ojos inyectados en sangre a punto de salirse de sus órbitas en esa azulada y caliente cara que albergaba más sangre de la que debería. Verle muerto por segunda vez era un placer imposible de superar.
Por desgracia, la segunda parte de mi plan no salió como había previsto, fue imposible apoderarme de su dinero. Seguramente alguien pensará que no hay ningún problema, que simplemente debo volver a mi época y volver a repetir el proceso sin cometer errores. El problema amigas y amigos míos, es que los viajes en el tiempo no funcionan así, no hay ninguna época a la que volver.

Siempre se han presentado principalmente tres panoramas, el primero y más común en las historias, es el de que al cambiar al pasado se crea otra línea alternativa, en la que además puedes volver a tu “propio presente”. También la otra posibilidad tratada en muchos casos, siendo además la más ridícula, es que cualquier cambio que hagas, cambiarás tu futuro, como por ejemplo si yo, desapareciera de las fotos y de los recuerdos de la gente al haber matado a mi padre, pero eso resulta de lo más absurdo.

Por otro lado, el que más peso y creíble resulta para mucha gente, es el de que es imposible cambiar el pasado, que siempre ocurriría algo que te lo impedirá. Pero en cierto modo, también es bastante absurdo, pues nada físicamente puede impedir que mate a mi padre.

Por desgracia el espacio tiempo es muy caprichoso y los viajes en el tiempo no funcionan de ninguna de esas tres maneras. Para hacer un símil, es parecido a un único bloque de partida de guardado en un videojuego que se sobrescribe al cargarla y por lo tanto ya no existe la partida previa.

Debí ser más precavido, pues las consecuencias hacia mi persona eran irreversibles si cometía algún error, que por desgracia había cometido.

He podido matar a mi padre poco antes de que naciéramos mi hermano y yo, de lo cual no me arrepentiré nunca. Pero ahora mismo estoy sin dinero, desamparado y prácticamente sin existencia.
Ahora lo único que me queda es el calor de las ratas en cara y pies mientras duermo en un portal. 
Arropado por la oscura noche en la que ni siquiera puede verse la luna llena por la polución, tampoco hay estrellas que brillen junto a mis lágrimas para acompañar mi desdicha. Pues, aunque nunca me arrepentiré de haber venido para matar a mi padre, digamos que tener las manos negras e insensibles por la extendida gangrena, está lejos de ser un panorama agradable. Mi única cura y calma para el dolor es también mi única posesión, una botella de alcohol prácticamente vacía.

Ante la evidente cercanía de mi muerte, no puedo evitar reírme. Pensar en cuantos vagabundos como yo han sido también viajeros en el tiempo que han fracasado en su cometido y no tienen lugar, gente ni momento al que volver. De igual forma, que me parece irónico que mucha gente piense por qué si se puede viajar en el tiempo, no se ha intentado matar a Hitler, por ejemplo.

Ingenuos, claro que se ha intentado, y se ha conseguido, pero no a Adolf Hitler, sino a otro líder que había provocado un gran holocausto, incluso peor, es más, el eje ganó la guerra, siendo exterminados todos los países aliados. Por eso mismo, si se matase a Adolf Hitler de niño, simplemente aparecería otro líder a consecuencia del deplorable estado del pueblo alemán tras la gran guerra y del tratado de Versalles.

Del mismo modo, yo nunca he existido, pues mi padre murió antes de que yo naciera. Tampoco puedo demostrar que vengo del futuro, ¿de qué futuro, de uno de jamás existirá, que voy a demostrar?
No soy nada, no me queda nada, únicamente esperar el abrazo de la muerte. Pero lejos de arrepentirme, volvería una tercera, cuarta o quinta vez para disfrutar matando a padre.


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